El observar la naturaleza, nos induce a generar pensamientos que se articulan con la filosofía de una Educación Natural más fluida y eficiente. El contacto ambiental nos lleva a pensar la necesidad de que nuestra educación retome sus fuentes de información del entorno que rodea al ser humano, que propicie la conciencia ecológica en el cuidado y mantención del medio ambiente para bienestar y equilibrio del ser humano con lo que le rodea.

El hombre no es una isla, la comunicación es una función inherente a su salud, a su bienestar y calidad de vida. Pero este atributo, esta condición, no es exclusivamente humana. Forma parte de la dinámica de la naturaleza, del cosmos, de todo aquello que palpamos y sentimos, esté o no dotado de vida.

Es aquí donde subsiste uno de nuestros principios fundamentales utilizar el diálogo franco y honesto como motor de cambio y como base para la resolución de conflictos, comprendiendo que este es parte de la vida.

Esa es la revelación de la ciencia humanizadora y del conocimiento en general en los últimos años. Y constituye el motor que dinamiza la búsqueda de nuevos encuentros con el saber. La educación no es el discurso para negar el cambio, el dogma para permanecer igual, la negación permanente de la comunicación con lo novedoso, con el estímulo externo, con lo que ocurre allá fuera en la relación con otros seres humanos distintos.

Otro de nuestros principios filosóficos es el desarrollo interior del individuo, para el hallazgo y ejercicio de su espiritualidad, para la expresión de ese ser interior que clama por traducir sus emociones y fuerzas creativas, que requiere su manifestación más allá del lenguaje formal y que comienza a producir objetos que hablan de su naturaleza esencial. En una búsqueda constante de formar primero al ser humano bueno, para así y de una mejor manera formar al ser humano diestro. Así entonces, nuestra filosofía educativa busca motivar a experimentar una apertura a saberes divergentes. Porque, justamente, la observación del conocimiento desde todos los ángulos y puntos de vista posibles, la necesidad de brindar coherencia a la diversidad fenomenológica, que comenzamos a percibir frente a nosotros con evidencias múltiples y diversas de conexiones no exploradas en las redes del conocimiento que comenzamos apenas a distinguir, nos llevan a propiciar una apertura que nos orienta hacia la comprensión de los sucesos sin crear abstracciones desconectadas de los enlaces resolutivos de la diversa gama de problemas que tenemos que aprender a observar y resolver sistemáticamente.

La necesidad de incorporar los talentos y competencias alcanzadas por el aprendizaje de los individuos, ya que en ellos se encuentran soluciones integradas superiores a las dificultades que la sociedad nos presenta.